Seis cartas de Salvador Dalí a Federico García Lorca

Suele ser así. Dos nubes enormes como trenes de carga avanzan una en dirección a la otra. El encuentro puede resolverse en tormenta de improbables consecuencias o en la aparición del sol. Incluso, en ocasiones, en las dos cosas. Algo por el estilo fue la relación entre Salvador Dalí y Federico García Lorca mediados los años ’20 y que quedó testimoniado en una correspondencia no demasiado voluminosa pero sí de una intensidad devoradora. El vínculo epistolar se demoró poco más de una década, de 1925 a 1936, aunque el verdadero intercambio se redujo a apenas tres años, desde su origen hasta 1928. Fueron cuarenta cartas de Dalí y apenas siete de García Lorca, aunque se supone que existieron muchas más. Las del pintor fueron vendidas por su hermana Ana María en subasta pública y las del poeta destruidas por Gala, quien no lo soportaba (ni él a ella, hay que decirlo), probablemente por celos. El conjunto fue publicado por Víctor Martínez en el volumen «Querido Salvador, Querido Lorquito» (Elba, 2012), que incluye además cartas de Federico a la hermana y el padre de Dalí. Mucho antes, en 1987, la lujosa revista Poesía editada por el Ministerio de Cultura, publicó una erudita edición a cargo de Rafael Sánchez Torroella que reunía sólo las misivas de Dalí.
El pintor catalán y Lorca se conocieron en la mítica Residencia de Estudiantes de Madrid en 1923. La amistad surgió de inmediato por el «total antagonismo» de ideas, de concepción artística, de personalidad. La fascinación fue recíproca y en una época que se caracterizaría por la ebullición creativa, del que el surrealismo, el cine o la generación del ‘27 serían los emergentes más conocidos, pero no los únicos. Ambos supieron sacar provecho de ese contacto: Dalí introdujo a Lorca en la pintura moderna y lo animó como dibujante, reseñando su primera exposición, en el verano de 1927, en las Galeries Dalmau de Barcelona. Federico, por su parte, estimuló a Dalí como escritor. En 1928, la granadina Gallo (revista literaria impulsada por Lorca) publicó las traducciones al español del San Sebastián de Dalí, un ensayo en forma de narración, en que expone su estética de la “santa objetividad” y del “Manifiesto antiartístico catalán”, firmado por Dalí, Sebastià Gasch y Lluis Montanyà. Previo a eso, en 1926, Federico publicó en la Revista de Occidente publicó su Oda a Salvador Dalí, gesto que no dedicó a nadie. Dalí, por su parte, habría reflejado al granadino en las pinturas La academia neocubista y en La miel es más dulce que la sangre, este último un cuadro del que se desconoce su paradero. Además, concebirán en común la obra teatral Mariana Pineda, con escenografía del pintor.
No obstante, las propuestas estéticas de ambos creadores no siempre coincidían; es más, muchas veces resultaban antagónicas. En una extensa carta de septiembre de 1928 (la V de esta serie), Dalí destroza sin piedad nada menos que el «Romancero Gitano«. Lo más suave que le dice es que resulta «anacrónico». Claro que en la misma, acaso acuciado por la culpa que le producen sus juicios, deja traslucir ya sin ambages la atracción sexual siempre latente y en tensión por Federico. Dalí jugó con la ambigüedad de la relación que los unió, aunque hacia al final de su vida, en 1986, en una carta publicada por el diario El País y dirigida a Ian Gibson, biógrafo de Federico a quien acusa de subestimar sus relaciones con el poeta “como si se hubiera tratado de una azucarada novela rosa”, define el vínculo como “un amor erótico y trágico, por el hecho de no poderlo compartir”.
Al cabo de esa carta de septiembre de 1928 el intercambio entre ambos artistas se fue diluyendo de manera ostensible. No se trató de una ruptura, sino de un distanciamiento, alimentado según parece también por Luis Buñuel, que juzgaba en Dalí una “presencia perniciosa” para el poeta, aunque terminaría para esas mismas fechas de diseñar junto al pintor en París el proyecto de El perro andaluz, título por el que Federico se sintió aludido y herido.
A Dalí le quedó la sensación de que podría quizá haber evitado la muerte de Federico. Creía no haber insistido lo suficiente para que le acompañara a Italia en 1936. En sus días finales, ya postrado en un envoltorio de piel y huesos, pesando menos de cuarenta kilos, una enfermera creyó advertir que requería algo. Se acercó a él y le preguntó qué necesitaba. En un último suspiro, Dalí pidió: “Mi amigo Lorca”.

I

Cadaqués, finales de julio / principios de agosto. 1925

Querido amigo:
Tu carta me causó una gran alegría.
“La mariposa de hierro” (1) creo que sintetiza maravillosamente todo el pensamiento de la pintura moderna, todo ha de tener la misma consistencia, eternidad (no la misma calidad).


Cuando pinto, pinto descalzo, me gusta sentir la tierra bien cerca de mis “dos” pies.
Estoy intentando unos ensayos con el fin de construir la atmósfera, mejor dicho, la construcción del vacío: la plasticidad de los huecos creo que es de un gran interés, pero no ha preocupado a nadie, puesto que esta plasticidad resulta casi siempre de la de los macizos.
Ya te iré comunicando los resultados de estos ensayos.
Espero tus poemas, que te agradezco muchísimo.
Muchos recuerdos a tu hermano.
Recibe un abrazo,

SALVADOR

Querido Federico: no puedo escribirte más porque NO TENGO PLUMA
Ahora fíjate bien con que cariño escribiré tu nombre, lo haré todo sin respirar:

Federico García Lorca

y ahora firmo

SALVADOR DALÍ

¿Me quieres?
Nota: Mándame el prólogo, o si no, me meme mic mic mic…

Otra i con muchos puntos encima; para que estés contento te lo haré encima,

porque aquí abajo no cabrían tantos puntos. Mira, es ésta: i………………… Cuántos
puntos, ¿eh?

(En pág. 8, margen izquierdo)
Una cosa: si Fortuny abriera hoy una clase de dibujo y pintura, irían todos los pintores de vanguardia a esa clase. Al menos yo iría.

III

Figueras, finales de septiembre de 1927

Querido:
¿Te has reventado de una intoxicación alcohólica? Yo hago una vida de máxima virtud -no bebo nada- absoluta castidad; el vicio es completamente artístico. Todas las mañanas boxeo con los soldados y hacemos largas carreras de resistencia; el cansancio cuando por la noche te vas a la cama es algo exquisito. El hombre pequeño y ruin es distinto. No sé nada de ti, escríbeme. ¿Qué hacéis con la revista? (6) Mis cuadrecitos puros y recién nacidos van a ser expuestos a los PUTREFACTOS de Barcelona.

PD.- Escribo en muchos sitios y pronto voy a empezar una colaboración DIARIA. Adiós.
Eso me gusta. Estoy contento como siempre.

IV

Cadaqués. julio 1928

… Tú eres una borrasca cristiana y necesitas de mi paganismo. La última temporada en Madrid te entregaste a lo que no te debiste entregar nunca. (7) Yo iré buscarte para hacerte una cura de mar. Será invierno y encenderemos lumbre. Las pobres bestias estarán ateridas. Tú te acordarás que eres inventor de cosas maravillosas y viviremos juntos con una máquina de retratar…

Salvador Dalí.

V

Figueras, principios de septiembre, 1928

Querido Federico:
He leído con calma tu libro, del que no puedo estarme de comentar algunas cosas. Naturalmente, me es imposible coincidir en nada a la opinión de los grandes puercos putrefactos que lo han comentado. Andrenio, etc., etc., (8) pero creo que mis opiniones, que cada día van concretándose en torno a la poesía, pueden interesarte algo.
I. Me parece lo mejor del libro, lo último, martirio de santa Olalla, pedazos del incesto –Rumor de rosa encerrado–. Estas cosas pierden ya buena parte de costumbrismo, son mucho menos anecdóticas que las demás, etc. Lo peor, me parece lo de aquel señor que se la lleva al río. La gracia producto de un estado de espíritu basado en la apreciación deformada sentimentalmente por el anacronismo.
Lo de las enaguas del santito en su alcoba, san Gabriel, me es hoy, en que toda producción sólo admito la rabia al crearla, una especie de inmoralidad –eso que ha sido empleado por los franceses, por el “esprit” francés, asqueroso e inadmisible, Cocteau, etc., y del que todos hemos estado contagiados.
II. Tu poesía actual cae de lleno dentro de la tradicional, en ella advierto la sustancia poética más gorda que ha existido: ¡pero! ligada en absoluto a las normas de la poesía antigua, incapaz de emocionarnos ya ni de satisfacer nuestros deseos actuales. Tu poesía está ligada de pies y brazos a la poesía vieja. Tú quizá creerás atrevidas ciertas imágenes, o encontrarás una dosis crecida de irracionalidad en tus cosas, pero yo puedo decirte que
tu poesía se mueve dentro de la ilustración de los lugares comunes más estereotipados y más conformistas.
Precisamente, estoy convencido que el esfuerzo hoy en poesía sólo tiene sentido en la evasión de las ideas que nuestra inteligencia ha ido forjando artificialmente hasta dotar a éstas de su exacto sentido real.
En realidad, no hay ninguna relación entre dos danzantes y un panal de abejas, a menos que sea la relación que hay entre Saturno y la pequeña cuca (9) que duerme en la crisálida, o a menos que en realidad no exista ninguna diferencia entre la pareja que danza y un panal de abejas.
Los minuteros de un reloj (no te fijes en mis ejemplos, que no los busco precisamente poéticos) empiezan a tener un valor real en el momento en que dejan de señalar las horas del reloj y, perdiendo su ritmo circular y su misión arbitraria a que nuestra inteligencia los ha sometido (señalar las horas), se evaden de tal reloj para articularse al sitio al que correspondería al sexo de las miguitas del pan.
Tú te mueves dentro de las nociones aceptadas y anti-poéticas. Hablas de un jinete y éste supones que va arriba de un caballo y que el caballo galopa; esto es mucho decir, porque en realidad sería conveniente averiguar si realmente es el jinete el que va arriba, si las riendas no son una continuación orgánica de las mismísimas manos, si en realidad, más veloz que el caballo resulta que son los pelitos de los cojones del jinete, y que si el caballo precisamente es algo inmóvil adherido al terreno por raíces vigorosas… etc., etc. Figúrate, pues, lo que llegar como tú haces al concepto de un guardia civil. Poéticamente, un guardia civil en realidad no existe, a menos que sea una alegre y mona silueta, viva y reluciente precisamente por sus calidades y sus piquitos que le salen por todos lados, y sus pequeñas correas que son parte visceral de la misma bestiecita, etc., etc. Pero tú…, putrefactamente –el guardia civil–, ¿qué hace? tal, tal, tal, tal irrealidad, irrealidad.

-Anti-poesía –
Formación arbitraria de las cosas.
Hay que dejar las cositas libres de las ideas convencionales a que la inteligencia las ha querido someter. Entonces estas cositas monas ellas solas obran de acuerdo con su real y consustancial manera de ser. ¡Que ellas mismas decidan la dirección del curso de la proyección de sus sombras! Y a lo mejor lo que creíamos que haría una sombra más espesa, no hace sombra, etc., etc. ¿Feo-bonito? Palabras que han dejado de tener todo sentido. Horror, eso es otra cosa, eso es lo que nos proporciona, lejos de toda estética, el conocimiento de la realidad, ya que el lirismo sólo es posible dentro de las nociones más o menos aproximativas que nuestra inteligencia puede percibir de la realidad.
Saldrá un artículo dedicado a ti en la Gaceta en el que hablo de estas cosas, y además del dato estrictamente objetivo obtenido anti-artísticamente por un riguroso método analítico. Pero dejémoslo; yo cada día puedo escribir menos así, en cartas, en cambio hago largos y sustanciosos artículos llenos de ideas.
Federiquito, en el libro tuyo, que me ha llevado por esos sitios minerales de por aquí a leer, te he visto a ti, a la bestiecita que tú eres, bestiecita erótica, con tu sexo y tus pequeños ojos de tu cuerpo (10), y tus pelos y tu miedo a la muerte, y tus ganas de que si te mueres se enteren los señores, tu misterioso espíritu hecho de pequeños enigmas tontos, de una estrecha correspondencia horóscopa; tu dedo gordo en estrecha correspondencia con tu polla y con las humedades de los lagos de baba de ciertas especies de planetas peludos que hay.
Te quiero por lo que tu libro revela que eres, que es todo al revés de la realidad que los putrefactos han forjado de ti. Un gitano moreno de cabello negro, corazón infantil, etc., etc., todo ese Lorca nestoriano (11), decorativo, anti-real, inexistente, solo posible de haber sido creado por los cerdos artistas, lejos de los pelitos y los ositos y siluetas blandas, duras y líquidas que nos rodean, etc., etc.
¡Tú, bestia con tus pequeñas uñas, tú que a veces la muerte te coge la mitad del cuerpo, o que te sube por las uñitas hasta el hombro en un esfuerzo esterilísimo! Yo he bebido la muerte en tu espalda, en aquellos momentos en que te ausentabas de tus grandes brazos, que no eran otra cosa que dos fundas crispadas del plegamiento inconsciente e inútil del planchado de los tapices de la Residencia;…a ti, al lenguado que se ve en tu libro, quiero y admiro, a ese lenguado gordo, que el día que pierdas el miedo, te cagues en los Salinas, abandones la Rima, en fin, el Arte tal como se entiende entre los puercos – harás cosas divertidas, horripilantes, [ilegible] crispadas, poéticas, como ningún poeta ha realizado.
Adiós. Creo en tu inspiración, en tu sudor, en tu fatalidad astronómica.

Este invierno (?) te invito a lanzarnos al vacío. Yo ya estoy en él desde hace unos días; nunca había tenido tanta seguridad.
Ahora sé algo de Estatuaria y de claridad REAL, ahora, lejos de toda Estética.
Abrazos,

DALÍ

El surrealismo es uno de los medios de evasión.
Es esa evasión lo importante.
Yo voy teniendo mis maneras al margen del surrealismo, pero esto es algo vivo. Ya ves que no hablo de él como antes; tengo la alegría de pensar muy distintamente al verano pasado. ¿Qué fino, eh?

I

Cadaqués, 27 de marzo, 1936 (12)

Querido Federiquito:
Qué lástima me ha dado que no nos hayas venido a ver en PARÍS, tan bien que lo hubiéramos pasado. Y tenemos que hacer cosas juntos otra vez. Yerma es una cosa llena de ideas oscurísimas y surrealistas. Pasamos dos meses en Port-Lligat para hacer una cura de análisis y objetividad, y comer todas estas cosas extravagantes que NADIE conoce y que son las habas estofadas de primera calidad, superfinas y lisas, que dan gusto de verlas y son los mismísimos misterios de Eleusis por lo que al condimento se refiere. Dime lo que haces y lo que piensas hacer. Estaremos siempre contentos de verte adelantar hacia nuestra casa. ¿Te acuerdas de aquella estructura estrambótica de carne y hueso (pero que parecía mentira) que se titulaba MAX Aub?

Gala te manda su afección y yo te abrazo.

Salvador Dalí.

Notas:
(1) Las mariposas son una referencia constante en la obra de Lorca, pero no hay constancia de alguna “de hierro”. Es probable que Federico la hubiese mencionado en relación a la Oda que estaba escribiendo, o bien que la haya referido al carácter de la pintura, entre lo etéreo y lo permanente.
(2) Llama la atención la referencia a temprana y elogiosa a Jan Vermeer de Delft, a quien se mantuvo fiel toda su vida, dado que el pintor holandés era mal conocido por entonces.
(3) Dicho cuadro es el que figuró con el título Noia de Figueras (Muchacha de Figueras) en el catálogo de la segunda exposición individual de Dalí, que se inauguraría al final de aquel año en la galería Dalmau.
(4) La referencia es a Pepín Bello (José Bello Lasierra; Huesca, 1904-Madrid, 2008), último testigo de la llamada Generación del ’27, fallecido a los 103 años. Pepín Bello no fue pintor, ni poeta, ni nada. Fue simplemente amigo de los grandes, confesor de sus penas y compañero de sus grandes juergas. Al mismo tiempo, pasó a la posteridad por haber creado el término “putrefacto”. Hacia mediados de los años veinte la palabra hizo furor en los medios artísticos y literarios. La más generalizada de sus acepciones estaba referida a todas aquellas  personas o cosas que, en un momento dado, se tenían por inactuales o trasnochadas. Putrefacto equivalía, así, a grado extremo de consunción por inmovilismo, e implicaba, como vituperio, el emparejamiento con el mal olor que trasciende todo cadáver insepulto. Entre los miembros de la Residencia se utilizó como adjetivo descalificador. Se aplicaba a todo lo que oliera a caduco, anacrónico, decadente, tradicional o antivanguardista. A putrefacto se oponía como elogio antiartístico, sinónimo de vanguardia o antidecadente. Era, en consecuencia, un vocablo utilizado entre la nueva y la vieja generación y también para calificar a las falsas vanguardias.
(5) Esta mención al actor Adolphe Menjou –como en otras ocasiones a Buster Keaton- puede vincularse al ocultamiento irónico de los estados vinculados a la pasión, tema sobre el que Dalí volverá con frecuencia en su correspondencia con Federico.
(6) Pregunta por la revista Gallo, para la cual había mandado unos dibujos en febrero. Ahora parece más interesado en ella que entonces, seguramente porque sabía que los granadinos publicarían en sus páginas una versión traducida del catalán su ensayo Sant Sebastià, aparecido en L´amic de les Arts, de Sitges, en julio de ese año. El primer número de Gallo no vería la luz hasta febrero del año siguiente.
(7) La reconvención, según Ian Gibson, alude a la relación de Federico con el escultor Emilio Aladrén, por quien Dalí no sentía particular respeto. La ruptura del vínculo, en 1928, que sumió a García Lorca en una profunda depresión, fue lo que lo impulsó a su viaje a Nueva York.
(8) Referencia al crítico Eduardo Gómez de Baquero (1866-1929), quien firmaba bajo el seudónimo de “Andrenio”, por el personaje de Baltasar Gracián. Defendió la poesía de Machado, Guillén y también García Lorca, haciendo una elogiosa crítica del Romancero.
(9) “Cuca”, femenino de cuc, gusano en catalán, no tiene en esta lengua un uso generalizado como oruga o larva, que finalmente la sustituyó al publicarse en castellano el largo artículo titulado “Realidad y sobrerrealidad” en La Gaceta Literaria en octubre, que Dalí le anticipa a Federico.
(10) Esta expresión Dalí la toma de uno de los romances de Federico, El emplazado: “Ojos chicos de mi cuerpo / y grandes de mi caballo”. A continuación inserta otra, esta vez de Muerto de amor: “Madre, cuando yo muera / que se enteren los señores”. La primera está dedicada a Emilio Aladrén y la segunda a Margarita Manso, ambos antiguos compañeros de Dalí en la Escuela de San Fernando.
(11) Refiere al pintor canario Néstor M. Fernández de la Torre (1887-1938), a quien se suele tratar despectivamente en relación a Dalí y García Lorca. Sin embargo, esta figura central en las bellas artes canarias (existe un museo dedicado a su obra en Las Palmas) fue uno de los grandes amigos y admiradores de García Lorca.
(12) Última carta registrada de Dalí a Federico. Unos meses antes, en la segunda quincena de 1935, con ocasión del estreno de Yerma en Barcelona, hubo un reencuentro de García Lorca con Dalí y Gala. Se sabe que Federico le confesó al poeta Josep Palau i Fabre: “Somos dos espíritus gemelos. Aquí está la prueba: siete años sin vernos y hemos coincidido en todo, como si hubiésemos estado hablando diariamente. Genial, genial Salvador Dalí…” A pesar de las reiteradas invitaciones para que acompañara a la pareja a París, ya no volverían a verse más.

Selección, introducción y notas de Christian Kupchik

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