Sobre Ese maldito canario, de Ricardo Zelarayán

Por Luciana Consiglio

Hacélo vos mismo o hacélo a tu manera. Rechazá los dogmas y cuestioná lo establecido, despreciá las modas y la sociedad de masas. La filosofía punk podría definirse en esos lineamientos. Disrupción y transgresión, el peso de la contracultura.


Ese maldito canario de Ricardo Zelarayán abre con una introducción de Osvaldo Aguirre donde nos acerca a la persona detrás de los textos. A partir de este lúcido pantallazo con datos biográficos, notas periodísticas y fragmentos de entrevistas, Aguirre nos presenta al autor como “un intruso en la literatura”. Me atrevo a tomar esta definición y llevarla un poco más allá para decir que Zelarayán es un autor que parece querer sacarse de encima hasta su propio mito. Zelarayán, entonces, es un autor punk: alguien que discute -incomoda, no se adapta- con la institución literaria, que transcribe lo que escucha al pasar, que no cree en los géneros establecidos sino en una forma única que engloba todo, que rechaza las estructuras y cualquier forma de encasillamiento.


La creación de la obra de Zelarayán, acota Aguirre, es compartida. Sus amigos lo rescatan del abandono y son ellos quienes lo convencen de publicar. Eso se escucha en el texto: la indiferencia por la recepción del afuera y por la consagración. Leer a Zelarayán es entrar en su juego, viajar por el movimiento rizomático que conecta las distintas partes, aunque no necesariamente haya hilos que seguir. En cada página se encuentran puertas de entrada, elementos que se repiten, conexiones, poemas que son callejones sin salida, reflexiones que llevan a un abismo, anécdotas, consejos, historias, dichos, y hasta ideas inconclusas.


El libro es un archivo de textos encontrados, reescritos, versiones paralelas, fragmentos nunca publicados, producciones dispersas que nos adentran en el universo de este autor que se fracciona y reconstruye en lo lateral a su propia obra. Zelarayán articula un artificio tan audaz como singular, el de escribir por escribir. Esta actitud supone definitivamente un desenfreno. Zelarayán en sus textos se propone dar cuenta de la lengua en tanto sonido. Rastrea los ecos en las enunciaciones que lo interpelan; este rasgo se evidencia en la enorme variedad de tonos que se pueden encontrar en
su literatura.

Las esquinas tan contrarias que componen su obra hacen de los textos algo vivo, en línea con lo que él sostenía: “las palabras no vienen jamás de los libros, vienen del lenguaje hablado”. Y este libro habla. Leerlo es escucharlo y reconocer que hay múltiples pertenencias para cada voz que se manifiesta. Y tal vez es por eso también que nos encontramos con este lado B de su obra, porque en la oralidad no hay una única forma para expresar lo mismo. Este libro es una puesta en escena, una performance desaforada que irrumpe con la fuerza de un sonido distorsionado. Arpegios de palabras sucias de vida.

Ese maldito canario, de Ricardo Zelarayán.

Compilación y prólogo de Osvaldo Aguirre.

Mansalva, 2020. 158 Pgs.

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