Warsan en dialecto somalí significa “buenas noticias”, en tanto que Shire equivale a “reunirse en un solo lugar”. La dueña de este nombre dice estar “completamente enamorada de su sonido y significado”, aunque también afirma sentir la condena de un desarraigo permanente.
Aunque Warsan Shire nació en Kenia en 1988, sus padres eran refugiados de Somalia y si bien desde muy pequeña creció en Londres, la cultura de su país de origen y la identificación africana en general fue lo que la marcó. Su primer libro de poesía, Teaching My Mother How to Give Birth (Enseñando a mi madre a parir) fue publicado en 2011, cuando apenas tenía 23 años, y de inmediato llamó la atención: lo han traducido a varios idiomas (sueco, danés, italiano, portugués, estonio) y comenzó a dar lecturas por toda Gran Bretaña e incluso en otros países, tanto europeos como fuera del continente, en África y Estados Unidos. Ganó el premio de poesía Brunel African Poetry Prize en 2013 y en 2014 fue nombrada la primera Young Poet Laureate de Londres.
Beyoncé quedó tan deslumbrada con la poesía de Shire que la utilizó en Lemonade (2014), un álbum tan intenso como personal. Se conocieron a través de una amiga común, Yossra El-Essawy, que trabajó como fotógrafa oficial en una de las giras de la cantante y falleció ese mismo año víctima de un cáncer. Todo lo que Warsan Shire expresó sobre su participación en Lemonade fue un breve twit que decía: “Yossra, espero que estés orgullosa de nosotras” .

Sus poemas han sido reeditados en varias publicaciones literarias, como la Poetry Review, Magma y Wasafiri. Además, versos de Shire fueron incluidos en las antologías The Salt Book of Younger Poets (Sal, 2011) y Ten: The New Wave (Bloodaxe, 2014).

LA CASA

i

 Madre dice que hay habitaciones cerradas dentro de cada mujer; la cocina de la lujuria, el
cuarto del dolor, el baño de la apatía.
A veces los hombres vienen con llaves,
y a veces, los hombres vienen con martillos. 

ii

Nin soo joog laga waayo, soo jiifso aa laga helaa, 
dije Basta, dije No y él no escuchó.
 
iii
 
Quizás ella tenga un plan, quizás se lo lleve de regreso
sólo para que él despierte horas más tarde en una bañera llena de hielo,
con la boca seca, mirando hacia su nueva y pulcra cirugía.
 
iv
 

Señalo mi cuerpo y digo Ah, ¿esta cosa vieja? No, sólo la llevo puesta.
 
v
 
¿Te vas a comer eso? Le digo a mi madre señalando a mi padre, acostado sobre la mesa del
comedor con una manzana roja en la boca.  
 
vi
 
Cuanto más grande es mi cuerpo, más habitaciones cerradas hay, más hombres vienen con
llaves. Anwar no empujó del todo, todavía pienso sobre lo que pudo haber abierto dentro de
mí. Basil vino y titubeó ante la puerta durante tres años. Johnny, el de ojos azules, llegó con
una bolsa de herramientas que ya había usado en otras mujeres: una horquilla, una botella de
lejía, una navaja y un tarro de Vaselina. Yusuf gritó en el nombre de Dios a través del ojo de la
cerradura y nadie le respondió. Algunos rogaron, algunos treparon por un costado de mi
cuerpo buscando una ventana, algunos dijeron que estaban en camino y no vinieron.
 
vii
 
Muéstranos en esta muñeca dónde te han tocado, dijeron.
Yo respondí No soy una muñeca; soy como una casa.
Ellos dijeron Muéstranos la casa.  
 
Así: dos dedos en el tarro de mermelada
Así: un codo en el agua de la bañera

Así: una mano en el cajón.
 
viii
 
Debería contarte sobre mi primer amor, quien encontró una trampilla bajo mi seno izquierdo
hace nueve años, cayó en ella y no lo he visto desde entonces.
De vez en cuando siento algo arrastrarse hacia mi muslo. Debería darse a conocer,
probablemente lo dejaría salir.
Espero que no se haya topado con los otros, los niños perdidos de pequeñas ciudades, con
madres agradables, que hicieron cosas malas y se perdieron en el laberinto de mi cabello. Los
trato lo suficientemente bien, un pedazo de pan, y si tienen suerte, alguna fruta. A excepción
de Johnny, el de los ojos azules, que abrió mis cerraduras y se arrastró hacia adentro.
Muchacho tonto, encadenado al sótano de mis miedos; escucho música para no oírlo.
  
Ix
 
Toc, toc.
¿Quién está ahí?
Nadie.  
 
X
 
En las fiestas señalo mi cuerpo y digo Aquí es donde viene a morir el amor.
Bienvenido, pasa, siéntete como en casa. Todos ríen, piensan que estoy bromeando.


Hueso 
Encuentro a una chica a la altura de un lamento breve
que vive en nuestro cuarto de huéspedes. Se parece a mí
cuando tenía quince años
llena de pulpa y pimienta.
Pasa todo el día en el cuarto
midiéndose los muslos.
Su cuerpo es un largo suspiro.
La ves en el vestíbulo.
más tarde esa noche mientras nos acostamos uno junto al otro
la escuchamos vomitar en nuestro baño.
Me dices que quieres salvarla.
Por supuesto que quieres;
eso es lo que mejor sabes hacer:
te enferma la necesidad
de ayudar. 
Ella y yo,
tenemos los mismos labios,
el tipo de labios en que los hombres piensan
cuando están con sus mujeres.
Está famélica.
Me miras directamente cuando nos cuenta
que a su padre le gusta golpear chicas

en la cara.
Puedo escucharte en nuestro cuarto de huéspedes con ella.
¿De qué tiene hambre?
¿De qué podrías llenarla?
¿Qué puedes hacer, que no harías por mí?
Cuento mis costillas antes de irme a dormir.


Mi esposa extranjera está muriendo y no quiere que la toquen
Mi esposa es un barco atracado en la guerra.
El médico dibuja con tinta un mapa de su cuerpo,
sosteniendo sus pechos con dos dedos explica
lo que debe ser extraído, que quizás podamos mantener
el pezón. Su cuerpo es un hogar inundándose.
Tenemos miedo. Queremos saber
qué nos quitará el agua,
qué reclamará la tierra como propio.
Humedezco mis labios y ella mira al suelo.
Más tarde, en casa, llama a su hermana.
Hablan de maldiciones, del mal de ojo, de su tía
que se ahogó. Todo el dinero que necesitan
para enviarla de vuelta.

Es de mañana cuando viene a la cama
y me deja tocarla. Soy como un niño sediento
contra su pecho, su piel
como pergamino, seca y resquebrajada.
Mi mujer sentada en la cama del hospital.
La bata y el cuerpo juntos: 41 kilos.
Es un barco que llega de la guerra,
su cuerpo, un pueblo en llamas, una prisión
con las puertas abiertas. No me deja que la abrace
ahora, cuando más lo necesita.
Miramos la pequeña televisión en la esquina de la habitación.
Pienso en todas las imágenes que debe cargar en su cuerpo,
en cómo la memoria se endurece hasta convertirse
en un tumor.
La apatía es lo mismo que la guerra,
las dos te matan, dice.
Despacio como un cáncer en el pecho
o rápido como un machete en el cuello.


Fea
Tu hija es fea.
Conoce la pérdida íntimamente,
lleva ciudades enteras en su vientre.

Cuando era niña, la familia se negaba a tocarla.
Era madera astillada y agua de mar.
Les recordaba a la guerra.
En su cumpleaños de quince le enseñaste
a recogerse el pelo como una cuerda
y a ahumarlo con incienso ardiente.
Le hiciste hacer gárgaras con agua de rosas
y mientras tosía, dijiste
las chicas macaanto como tú no deberían oler
a soledad o vacío.
Tú eres su madre.
¿Por qué no le avisaste?
la abrazaste como a un barco podrido,
y le dijiste que los hombres no la amarían
si está cubierta de continentes
si sus dientes son pequeñas colonias,
si su estómago es una isla
si sus muslos son fronteras. 
¿Qué hombre querría tumbarse
y ver el mundo arder
en su habitación?
La cara de tu hija es una pequeña rebelión,
sus manos son una guerra civil,
un campo de refugiados detrás de cada oreja,

un cuerpo contaminado por cosas feas.
Pero Dios,
¿acaso no usa
bien el mundo?


Hacia atrás

Para Saaid Shire 

El poema puede empezar con él caminando de espaldas hacia la habitación. 

Se quita la chaqueta y se queda sentado por el resto de su vida; 

así es como traeremos a Papá de vuelta. 

Puedo hacer que la sangre corra de regreso a mi nariz, las hormigas 

se precipiten hacia un agujero. 

Nos convertiremos en cuerpos más pequeños, mis pechos desaparecen, 

tus mejillas se suavizan, los dientes vuelven a hundirse en las encías. 

Puedo hacer que nos amen; solo di esas palabras. 

Dar muñones en lugar de manos si alguna vez nos tocan sin consentimiento, 

puedo escribir el poema y hacerlo desaparecer. 

Padrastro escupe el licor de vuelta en el vaso, 

el cuerpo de Mamá retrocede en las escaleras, el hueso vuelve a su sitio, 

quizás no pierda al bebé. 

¿Quizás estaremos bien, chico? 

Voy a reescribir toda esta vida pero esta vez habrá tanto amor, 

que no podrás ver más allá. 

No podrás ver más allá, 

Voy a reescribir toda esta vida y esta vez habrá tanto amor, 

Quizás estaremos bien, chico 

Quizás no pierda al bebé. 

El cuerpo de Mamá retrocede en las escaleras, el hueso vuelve a su sitio, 

Padrastro escupe el licor de vuelta en el vaso. 

Puedo escribir el poema y hacerlo desaparecer, 

Dar muñones en lugar de manos si alguna vez nos tocan sin consentimiento, 

puedo hacer que nos amen, solo di esas palabras. 

tus mejillas se suavizan, los dientes se hunden en las encías. 

Nos convertiremos en cuerpos más pequeños, mis pechos desaparecen. 

Puedo hacer que la sangre corra de regreso a mi nariz, las hormigas 

se precipiten hacia un agujero; 

así es como traeremos a Papá de vuelta. 

Se quita su chaqueta y se queda sentado por el resto de su vida. 

El poema puede empezar con él caminando de espaldas hacia la habitación. 

(Versiones de Jasmine Aleakim)

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