Anamarija Todorov (1954) nació en Alemania aunque creció en la ex Yugoslavia. Su lengua materna es el croata, que sigue hablando en la actualidad. Pero por sobre todas las cosas, se reconoce en dos planos: como maestra jardinera y poeta. Llegó a Suecia a comienzos de los ’80 y por entonces, a pesar de tener un título por la Universidad de Zagreb, no soñaba con escribir.
Cuando se decidió a hacerlo, lo hizo en su segunda lengua, ya de adulta. Anamarija lo explica así:

A través de la expresión poética quiero expresar lo que se siente al hablar una lengua cuyas vocales y consonantes no bebí en la leche materna. Es mi forma de recrear los tragos perdidos. Quiero contar cómo un conjunto de vocales y consonantes me convierten en ‘El Otro’. También quiero encontrar figuras poéticas para hablar del enamoramiento de una lengua que se aprende de grande. Si podemos comparar la lengua materna con la leche y las caricias maternas, aprender una segunda lengua puede comprarse con la relación amorosa con una persona adulta. Hay que conocer a la persona, desarrollar el vínculo, ser consciente de que hay que trabajarla para que funcione. No es automático. Exige sangre, sudor y lágrimas».

Creo que el sueco fue como una prueba de vida para mí. Tuve que reescribir todo el vocabulario familiar y memorizar uno nuevo. Era un trabajo inmenso que podría haberme llevado varias décadas. Se decía God dag (Buen día) en lugar de Dobar dan. La pronunciación era diferente. Una abundancia de vocales, extrañas consonantes. Al principio, no me atrevía a imitar esos sonidos. Sonaban como una broma. La lengua no me quedaba bien en la boca. No había suficiente espacio en la cavidad bucal. La lengua se endurecía. Hasta que poco a poco, la lengua fue transformándose en un desafío y en un experimento. Escribo directamente en sueco. Y es eso hace de mi escritura algo particular: surge como un constante asombro”.


Desde mediados de los años ‘90, sus poemas se publicaron en antologías, revistas y libros de sueco para inmigrantes. Su primer poemario, Brytningen (La ruptura, 2013) –de cuya versión aumentada (2019) proviene el texto que publicamos– versa sobre su encuentro con la lengua y la cultura suecas. Para Fröken forever (Señorita forever, 2017) se inspiró en su experiencia de años como maestra jardinera. En 2018, este libro fue galardonado con el Klas de Vylders, un premio anual que se otorga a escritores inmigrantes que escriben en sueco. Su obra más reciente es Än finns det gott om natt (Todavía queda bastante noche, 2020).


Su poesía se inscribe en la línea conocida como “neo-sencillista”, que tuvo en la poeta sueca Sonja Åkesson (1926-1977) acaso su mejor expresión. Esta “respuesta a Sonja” que se publica en Latitud Leteo está ligada a la “respuesta” que la propia Åkesson le dedicara al poeta beatnik recientemente fallecido Lawrence Ferlinghetti. La identificación de Anamarija con Sonja resulta menos sorprendente de lo que pudiera parecer de acuerdo a sus propias palabras:

Me fascinó la poesía de Åkesson. Transformaba la monotonía en poesía. Actualizaba la lengua cotidiana. Manejaba bien la ironía. Lo solemne era tratado con un humor inteligente. Que sus libros, las obras de un ‘ama de casa’, como le gustaba definirse, estuvieran en la sección de poesía de todas las bibliotecas junto con los sonetos de Shakespeare, era algo inmenso. Sonja escribió una respuesta a Ferlinghetti. Yo no sabía quién era el tal Ferlinghetti, pero igual sentí que podía escribirle una respuesta a Sonja y hacer poesía con mi propia vida cotidiana. Fue así que escribí de mi propia miseria. Yo, que acababa de llegar y tenía otra lengua, podía lamentarme sobre todo lo que vivía en la Suecia de Sonja. Su neo-sencillismo me venía perfecto. Con ese diálogo quise sacar a la luz un nuevo tipo de vulnerabilidad. La llamaron ‘la poeta del fregadero’. Oquei, me dije, así, mal escrito. Yo también quiero pasar a formar parte de esa sociedad de ‘poetas del fregadero’. Pongo mis poemas en el arenero, pero quiero llegar al cielo. Hay que soñar en grande. No soy una sueca de verdad. Me dicen ‘la nueva sueca’. Bien, es cierto, tengo otro punto de partida. Si hablo, mi acento me delata, me define como ‘el Otro’. Pero en un texto, en un libro, puedo esconderme por un momento y sentir una cierta serenidad.”

Introducción, traducción, entrevista y notas de Andrea Castro

Autobiografía

(respuesta a Sonja)(1)

Por Anamarja Todorov

Yo vivo en una planta baja en Rinkeby. (2)

Yo no soy sueca.
Yo no tuve una infancia sueca.
Yo me hice pionera cuando cumplí los siete,
festejaba el Día de la República
y declamaba poemas sobre mi madre
el Día internacional de la Mujer.

Yo creía en el Abuelo de la Nieve
sin saber que este tenía
un bisabuelo llamado Papá Noel
muy lejos, en el fin del mundo.

En las reuniones del domingo de mi abuela
me empapé de historias terribles
que se repetían sin cesar
de gente que por un pelo sobrevivió los pogromos
y de gente que murió en vano.

Toda mi infancia me avergoncé
y sentí culpa
porque vivía tan formidablemente bien
y la libertad se me sirvió en una bandeja de carne roja.

Estaba en deuda por haber tenido la oportunidad de existir
porque millones de vidas habían sido sacrificadas por mí
muchos años antes de mi concepción.

Los caídos yacían en tumbas
y nunca los olvidaríamos.
Mi futuro se erigió sobre un cementerio.

En la matiné de los domingos
en el pequeño cine de provincia
yo me identificaba
con los valientes revolucionarios
mientras mascaba nerviosamente
chicle globo importado,
un sabor del futuro.

Yo vivía una vida de lujo, decían los
que habían tenido que saborear la escasez.

Aprendí a declamar largos poemas épicos
pasados de boca en boca desde la Edad Media,
textos que narraban la batalla perdida
en el eterno Campo de los mirlos.
Cada vez que veía un mirlo en los arbustos
detonaba una masacre de quinientos años
en mi memoria.

Una doncella pálida cruza el campo de batalla
en el que yacen hombres asesinados hasta donde la vista alcanza.
El ruedo de su túnica blanca se endurece con la sangre seca
que les llegaba a las rodillas en el fragor de la batalla.

Los héroes no habían soltado sus estandartes,
lucharon hasta la última gota de sangre.
Nunca traicionaron a la muerte.
Bajo ninguna condición.

Yo no estuve ahí, no sufrí sus tormentos, nunca sufrí lo suficiente.
Un día empaqué mi vida en dos maletas medianas
y crucé la frontera.
No sabía lo que me esperaba.

Ahora vivo en un pueblo vikingo, en Rinkeby.
No soy sueca.
No estoy especialmente a gusto aquí
pero tampoco tengo demasiadas ganas
de volver al lugar del que vine.

Soy un Colón
que buscaba una tierra prometida
pero encontré una sociedad de bienestar que
se desmonta sistemáticamente.

Terminé en el patio trasero del bienestar
en un barrio de monoblocs derruidos.
Me sentí decepcionada.
Si no pago puntualmente
me pueden desalojar.
Si no estoy a gusto, me puedo largar.

Soy el Otro,
un paredón contra el que pelotear
la propia excelencia.
Ahí pierdo definitivamente
y nunca seré la mejor, la más linda, la más lista.

He quedado en el fondo de la escala social
donde consecuente e inexorablemente se amontonan
mujeres, niños, discapacitados e inmigrantes.
Una loser entre losers.

Yo soy el palo en la rueda,
la primera en la lista
cuando se sospecha sabotaje.

Soy una ex
de un país que ya no existe.
No soy ni lo uno ni lo otro
pero quisiera ser ambas cosas.

A veces digo que soy cosmopolita,
una ciudadana del mundo.

No soy una sueca de verdad.
Me dicen sueca nueva.
Suena mejor que inmigrante, más liberal,
como técnica en higiene en lugar de mujer de la limpieza.

Cada tanto aparecen nuevas palabras:
Bonusmamá, bonuspapá, bonushijo,
Una sueca nueva es casi lo mismo que una
bonussueca. Una suecastra.
Una gran etiqueta pegada sobre toda yo.
No AUTÉNTICA sueca.
Me deprime.
Durante mis noches de insomnio
me escuece y me pica.
Me rasco hasta sangrar
pero el eczema de inmigrante no se cura.
Sufro, pero no es suficiente.

Si solo pudiera
mudar mi fastidiosa piel de inmigrante
y quedar tan suave y saludable como un nativo.

Así podría soltar palabrotas
sin que pasara nada.

Suena mal cuando un inmigrante dice palabrotas,
me dijo mi compañera de curso de sueco una vez
cuando estudiábamos Sueco B
en la escuela para adultos en Kungsängen,
porque dije que demonios me sonaba divertido.
Como que calzaba bien en mi boca y era fácil de pronunciar.
Annbritt dijo que era una de las palabrotas más fuertes.
Me sorprendió.
Estaba acostumbrada a que las palabrotas trataran
de cosas muy diferentes.

Entre nosotros eran los carreteros los peor hablados.
Hablas como un carretero, decíamos.
En Suecia, los cepilleros (3) son los peor hablados.
Hablas como el peor cepillero.

Tampoco queda del todo bien
decir Jesucristo
cada dos por tres.
Mucho mejor si podemos
cerrar la boca y quedarnos callados.
Si podemos.

Tuve que traducir mi vida entera al sueco.
Me llevó más de treinta años y todavía sigo.
No se acaba nunca.

Yo nací en el exterior
y pertenezco a la primera generación de inmigrantes.
Mis hijos que nacieron en Suecia
pertenecen a la segunda generación,
y mis nietos,
Dios los ayude, a la tercera.

No se acaba nunca.

Yo vivo una vida en Suecia.
En el gran Estocolmo, en Rinkeby.
El muro ha caído.
La cortina de hierro ya no existe.
Vengo de Europa del Este, la ex.

Una vez un borracho me gritó
En un vagón de metro repleto.
Inmigrante de mierda, para qué sirven
más que para ensuciar, me dijo.
Yo no supe qué responder.
Debería haber dicho: ¡Momentito!

No se dice inmigrante, se dice sueca nueva.

Pero he oído que peores cosas les pasaron a otras desdichadas almas.
Las que murieron incendiadas en los campos de refugiados.
Las que quedaron en la mira del asesino del laser.
Yo soy una carga para la economía sueca.
Cavo hoyos profundos en el erario sueco.
Soy culpable cada vez que Suecia entra en una crisis.
Pero a mí nada me falta.

Vivo una vida en el gueto de concreto de Rinkeby.
Me compré mi casa nueva en IKEA,
en cuotas.
Lavo mi ropa sucia gratis
en el lavadero comunitario.
Compro barato en Lidl.
Debería saltar de alegría.

Estoy de puta madre
pero no estoy a gusto acá
y lamentablemente tampoco quiero volver
a mi viejo pago.

En cuanto bajé del avión recibí
un boleto para la calesita educativa
que giró durante varios años.
Casi sin darme cuenta saqué
un doctorado en humanidades
pero actualmente trabajo
como guardia en el metro,
por tiempo indeterminado.

Sentí vértigo cuando me enteré
cuánto costaba este circo.
Pero la culpa es mía,
yo misma contraje
esa deuda enorme con la CSN (4) .
Tengo pasaporte sueco.
Pero eso no me hace sueca de verdad.

Me llaman sueca nueva.

Cuesto el dinero de los contribuyentes.

Me agarró paranoia.
Mi espalda está quebrada.
He tenido un infarto cardíaco.
He tenido un derrame cerebral.
He quedado fuera del sistema de seguridad social.
Lloro en mi habitación.

Viajo de colada, de colada, de colada.
Mis hijos tienen perspectiva de futuro.

Deberían dedicarse a la salud
o también esforzarse un poco
y abrir una tintorería,
una zapatería o una cerrajería.

O empacar sus vidas
en dos maletas medianas
y cruzar la frontera.

No se acaba nunca.

De Brytningen, Malmö: Rastlös förlag, 2019

1 Sonja Åkesson (1926–1977) poeta sueca, una de las representantes centrales del nuevo sencillismo en la
poesía sueca de los 60. Su poema ”Självbiografi” (”Autobiografía”), que lleva como subtítulo ”(respuesta a
Ferlinguetti)”, formó parte de su libro Husfrid (Paz doméstica) de 1963.
2 Rinkeby es un barrio suburbano de Estocolmo resultado de un programa gubernamental de construcción
masiva de viviendas de estilo funcionalista para atender a las necesidades de alto crecimiento de la población
en las principales ciudades del país, que se desarrolló entre 1965 y 1975. Barrios similares se construyeron en
las afueras de Gotemburgo y de Malmö. Por las ubicaciones marginales de estos barrios con respecto a los
centros de las ciudades, las familias de clase media que primero los ocuparon los fueron dejando. Así, los
barrios con sus monoblocs característicos entraron en procesos de marginalización social con alta
concentración de inmigrantes y personas de escasos recursos.
3 La expresión se refiere al antiguo oficio del que fabricaba cepillos.
4 La CSN (Centrala Studiestödsnämnden) es la oficina nacional sueca que otorga subsidios y créditos de estudio.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here