Diez poemas de Werner Herzog

En 1978 Werner Herzog decidió tomarse un año sabático. O quizá no decidió nada, pero al menos no pensaba filmar. Era algo extraño. El año anterior salió corriendo con su equipo hasta la isla de Guadalupe para testimoniar la inminente erupción de un volcán que se supone acabaría con todo un pueblo. Estuvo en el lugar, sí, y realizó su película («La Soufrière: Warten eine unauweichliche Katastrophe», 1977), pero el fuego mineral nunca llegó. Como lo señala el subtítulo, es el documental de una catástrofe que nunca ocurrió. Otro ejercicio de Herzog en donde estimula una épica del fracaso. En este caso, el de un volcán. Una pena, sí. Algo inverosímil tal vez, pero a fin de cuentas, como casi cada uno de sus temas y por eso mismo fascinante, en la frontera de lo real.

Aún un año antes, en 1976, había realizado cuatro films, dos cortos y dos largos: «Herzaus Glas» («Corazón de Cristal«), rodado en Irlanda con todos los actores hipnotizados, y «Stroszek» («La balada de Bruno S.») por distintas locaciones de Estados Unidos, con el chico al que Herzog rescató de un psiquiátrico y dos años antes lo había acompañado como protagonista de «El enigma de Kaspar Hauser«, casi haciendo de sí mismo y reproduciendo su propia vida. Y todavía antes, Herzog ya tenía en su haber otras trece películas, con enanos o con sordomudos, en el Amazonas («Aguirre, la ira de Dios«), en el Sahara («Fata Morgana«) o en Creta («Signos de vida«).
Debía detenerse un poco, y pensar en los dos nuevos proyectos que lo esperaban el año próximo en Checoslovaquia: «Woyzek» y nada menos que «Nosferatu«, un homenaje a su admirado W. F. Murnau. Hasta allí, había sido responsable de casi todos sus guiones, y se asumió que el cine era su único lenguaje. Pero en mayo de aquel 1978, sorprendió a todos con un libro mínimo que contaba los detalles de un viaje ritual a pie realizado cuatro años antes de Múnich a París para llegar antes que la muerte sorprendiera a su vieja mentora y amiga, Lotte Eisner («Del caminar sobre hielo«, Entropía). Y apenas un mes después de eso, Herzog volvía a jugar una carta inesperada al publicar en una revista literaria, Akzente: Zeischift für Literatur (año 25, Nº. 3, Köln, junio 1978, pp. 193-197), diez poemas tan prodigiosos como reveladores. Las señales y razones de este hallazgo hay que buscarlas en los jugos que hacen a la poética y la ética de la obra de Werner Herzog: la persecución del asombro, la perplejidad permanente, la mirada desnuda sobre un mundo cercano que siempre se asume ajeno. Para descubrirlo, apela a esa percepción distorsionada, esa extrañeza. Allí, en definitiva, habita oculta la perla que respira por el ojo de su almeja. Esa, su ostra poética.

C.K.

I

Cada noche luminosa, hombres y mujeres se entregaban a una lucha libre
Y sobre los tejados en abanico, estimulados por la luna,
Los gatos practicaban sexo salvaje.
Los árboles se extendían por encima de los
Tejados, y las montañas por encima de los árboles y
Las estrellas por encima de las montañas
Persiguiendo la noche.

Entonces dijo el Rey: Hijos míos,
Sean pacientes. Esperaremos unos cientos de miles de años
Hasta que las piedras vaguen por el campo
Y quizá alguien incluso llore por única vez.

Jede der hellen Nächte lagen Mann und Weib / Im Ringen, und auf dem Dächern im
Fächeln / Des Monds übten die Katzen wilde fremde / Begattung. Die Bäume reichten über
die / Dächer, über die Bäume die Berge und / Über den Bergen zogen die Sterne hinter /
Der Nacht her. // Da sprach der König: meine Kinder, / Habt Geduld. Warten wir ein paar
/ Jahrhunderttausend, / Bis dahin wandern die Steine im Feld / Und vielleicht weint sogar
einer einmal.

EL MOLINERO FRENZEL

Allí, al otro lado de la laguna
Vive el molinero Frenzel.
Observa inquisitivamente, como una rana
Frente a la mosca.

A veces Frenzel está con su único amigo,
el tumultuoso Sepp.
A lo largo de toda su vida
No hizo más que algunos pobres favores.

Por temor a hablar
Frenzel se tapó la boca con la mano.
Por lo tanto, desde hace años
Todo marcha como es debido.

Y por las tardes, durante los meses
Desprovistos de la letra R,
De pronto surge cierto ánimo festivo
Junto a la laguna.

DER MUHLENFRENZEL

Drüben, jenseits des Teichs / Lebt der Mühlenfrenzel. / Mit Forschung im Auge sitzt / Da
ein Frosch vor der Fliege. // Manchmal ist dem Frenzel sein / Einziger Freund der Sturm-
Sepp. / Der hat sein Lebtag lang / Nur Bärendienste geleistet. // Aus Angst vor dem Reden
schlägt Der Frenzel die Hand auf den Mund. / So geht alles seit Jahren / Den Richtigen
Weg. // Und jeden Abend in den Monaten / Ohne den Buchstaben R / Stellt sich
unverzüglich am Teich / Eine Stimmung ein.

III

Las sillas están vacías
Y la pintura se desprende de las paredes
Una vez más la nieve se derrite
La silla todavía parece una silla
La habitación sigue siendo una habitación.

Nada es rojo como un zorro
Nada es negro como los cuervos
No hay nada como dos serpientes en lucha.
Y las garzas, según se dice,
Siempre apuntan primero
Al ojo de su enemigo.

Me temo que se enciendan las luces, que
Se abran puertas y ventanas
Y cientos de huéspedes se amontonen para entrar
Sin haber sido invitados.

Die Stühle stehen leer / Und Farbe blättert von den Wänden / Schon wieder schmilzt der
Schnee / Noch gleicht der Stuhl dem Stuhl / Das Zimmer einem Zimmer. // Nichts ist rot als
der Fuchs / Nichts ist schwarz als die Raben / Den Kampf zweier Schlangen / Gibt es nichts
Gleiches. / Und die Reiher, heisst es / Zielen immer zuerst aufst / Auge des Gegners. // Ich
fürchte mich davor, / Dass es sehr hell wird, dass / Türen un Fenster sich öffnen / Und
hundert Gäste sich drängen / Ganz ungeladen.

IV

Una completa extraña me escribió para decir que
Todo el tiempo veía cocodrilos
Con un ladrillo atravesado en la boca.
Escribió: Afuera, a cielo abierto
Se desplazan las sombras de los árboles
Y sombras humanas
Por el camposanto. No fue sin razón que un cuervo gimió.
La tierra produce cadáveres
Y allí yacen, liberados de las fiebres.
Estaba sentada, rumiando junto a la ventana,
Mientras piensa que conoce muy bien esta tierra.

Ein wildfremdes Mädchen schrieb mir / Sie sähe ständig Krokodile / Mit einem Brikett quer
im Maul. / Sie schrieb: draussen auf dem / Himmelhoch heiligen Feld / Gäbe es Schatten
vom Bäumen / Und Schatten von Menschen. / Nicht ohne Grund habe ein Rabe ghrächzt. /
Die Erde erzeuge die Leichen / Und diese lägen fieberfrei. / Sie sitze kauend am Fenster /
Und meine, sie kenne das Land.

V

No puedes pretender
Que nadie vea nada:
¿Una oveja perdida acaso no es
Un mal producto para un trueque?
Y allá en los campos
Solo hay piedras como piedras.
Tampoco los mendigos tienen dinero.
Cuando alguno muere de hambre,
Suele ser un signo de pobreza.

Man kann nicht verlangen, / Dass keiner nichts sieht: / Ist den nicht ein entlaufens Schaf /
Ein schlechtes Tauschobjekt? / Und da auf den Feldern / Liegen nur Steine wie Stein. /
Auch die Bettler haben kein Geld. / Wenn nämlich einer vor Hunger stirbt, / Ist das oft ein
Zeichen von Armut.

VI

Una chancha fue asesinada de un disparo
Mientras sus seis lechoncitos luchaban para obtener algo de leche.
Por mutuo acuerdo
Los niños dejaron de jugar.
La carrera de embolsados y la gallina ciega
A partir de entonces solo existieron en los libros.
Alguien subió a una torre
Y se quedó observando largo rato hacia el Sur.
Todo esto ocurrió hace mucho tiempo;
Nada ha cambiado desde entonces.
En la casa del ahorcado
Solo se habla de la cuerda.

An einer erschossennen Sau / Sogen sechs Ferkel nach Milch. / Auf gemeinsamen Beschluss
hin / Stellten die Kinder jegliches Spiel ein. / Blindekuh und Sackhüpfen gab es / Von da an
nur noch in Büchern. / Jemand stieg auf einen Turm / Und blickte lange nach Süden. / Das
alles ist lange schon her, / Seitdem hat sich nichts mehr geändert. / Im haus des Gehenkten
/ Spricht man nur noch vom Strick.

VII

A través de los arbustos húmedos
Llueve en la lluvia, llueve en la ladera
De la montaña en apuros.

Los hombres la escalan en la niebla
Y se llaman a los gritos.
Un humo frío flota en torno a las casas
Las manzanas se congelan en los árboles.

Cuando la noche se desploma
El rostro de la montaña se apaga.
La lluvia nunca cae hacia arriba.

Durch nassgeregnete Hecken / Regnet der Regen, regnet / Die Bergwand in Not. // Im
Nebel steigen die Männer zum Berg / Und rufen sich laut. / Kalter Rauch weht um die
Häuser herum / Am Baum sind die Äpfel gefroren. // Wenn die Nacht sinkt, / Stirbt gas
Gesicht. / Regen fällt neimals nach oben.

VIII

Y bien, esto revela los beneficios de las ventanas:
Oh, sí, por ahí crece
Un arbolito en el techo, y aquí,
¡Desde el vigésimo piso parece una floresta!

Una vez más
Frente al bosque se agotan todos los discursos.
Todos los rostros fueron investigados,
Con cada piedra removida

Se desconfía
Hasta del amarillo.

¡Mejor no mirar alrededor!
Solo hay caras dando vueltas.
Aquí, ante una línea de tiza
Extraños animales dudan inmovilizados.
Y sobre los pollos en nuestra olla
Tampoco sabemos demasiado.

So zeigt sich der Nutzen der Fenster: / Ach, und hier, hier wäscht ja ein / Bäumchen am
Dach, und hier, im / Zwanzigsten Stock zeigt sich Gebüsch! // Vor einem Wald hat man alle
Reden / Noch einmal gehalten. / In allen Gesichtern hat man geforscht / Jeden Stein
ungedreht, den Gelb / Selbst misstraut. // Lieber sich gar nicht mehr umsehen! / Da sind
nur Gesichter im Kreis. / Hier, vor einem Kreidestrich / Geraten seltene Tiere ins Stocken. /
Auch von den Hühnern in unserem Topf / Wisen wir wenig.

IX
RAIN-IN-THE-FACE

A los setenta y dos años, luego de comer un yogur,
Mi abuelo apartó la cuchara
Y perdió la cabeza.
En el jardín cantó canciones para los escarabajos
Y dijo llamarse Rudolf el Oso.
Aprendió dulces canciones de osos.

Antes de eso vestía ​​ traje y llevaba bastón
Y a menudo defendió la ley y el orden.
Sus colegas se llamaban
Nagel, Illeman, Muhr.

Por entonces mi indio favorito
Ya no se encontraba con vida.
Su nombre era Rain-in-the-Face
Y murió en Little Big Horn.
Su padre se llamó Oso Paseandero
Y su madre Vaca-Blanca-Que-Ve.

Mit zweiundsiebzig, nach einme Joghurt / Legte mein Grossvater den Löffel beiseite /Und
verlor den Verstand. / Im Garten sang er Lieder für Käfer / Un nannte sich Rudolf der Bär.
Er lernte sanfte Bärenlieder. // Früher trug er Anzug und Stock / Und trat oft für Recht und
Ordnund ein, / Seine Kollegen hiessen nämlich // Nagel, Illeman, Muhr. / Zu der zeite lebre
schon mein / Liebster Indianer nicht mehr. / Er hiess Rain-in-the-Face / Und starb am
Little Big Horn. / Sein Vater heiss Tretender Bär / Und seine Mutter Weisse-Kuh-Sieht.

X

Anoche bajo el cielo más oscuro
de repente todo estuvo en calma.

Los árboles permanecieron inmóviles.
Sólo nuestro perro gruñó a
Los bordes deshilachados de la alfombra.

A la mañana siguiente
Había escarcha por todas partes.

Gestern Nacht wurde es / Ganz plötzlich still. // Under dem allerschwärzensten / Reglosen
Himmel standen / Reglos die Bäume. / Nur unser Hund benagte leise / Die Fransen des
Teppichs. // Am nächsten Morgen / Lag überall Reif

Versiones de Ludovic Khan

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