Por María Negro

Para ser poeta / hay que ser Tarzán / porque si no se es Tarzán / no se puede ser poeta.
Luis Ernesto Valencia (1958-1968)

Buenas noches, señores. Ustedes están diciendo que nosotros somos nada. Pues lo están
diciendo en serio porque nosotros somos nada. Y no nos merecemos nada. Y no somos
de aquellos increíbles tétanos que daban esa vez sin las inyecciones que llevan mi
nombre en la patria de los ratones.
María de las Estrellas (1967-1981)

Esta no será una nota sobre Gonzalo Arango y el Nadaísmo, pero debe comenzar a contar desde allí, para que el hilo del juego se comprenda.

Tampoco será una nota sobre dos niños, pero ese rastro de edad necesita ser dicho desde un comienzo, para que el hilo de la comprensión no pierda su juego.

Año 1958, Colombia. El país transita un delicado período entre la dictadura y la democracia. El Bogotazo carga con fuego sobre la historia: 300 000 muertos, dos millones de exiliados. Una quinta parte del país, huye.

Gonzalo Arango no huye.

Funda un movimiento literario que tendrá una resonancia continental: el Nadaísmo. Influenciado por el existencialismo francés, el surrealismo, la generación Beat, y crítico con todos ellos; el Nadaísmo agrupa a la juventud colombiana detrás de la búsqueda de una ruptura total. La ruptura del lenguaje, de las formas, de la poesía y la narrativa, de la concepción dual y absoluta que empantana la vida de su país. No hay dos, ni tres. Hay, dice Gonzalo. Existe un verbo: hay. Un ser que puede multiplicarse en tantos seres como sea capaz. Somos esto que somos, y lo que nos desdoblamos por construir. El ser humano, con su cuerpo pequeño, con su fragilidad, es el poderoso transmisor de esto que llamamos poesía, a fuerza de no haber encontrado otra palabra para nombrar un lenguaje que nos desnuda, y que no debe ser encarcelada en “Esos materiales irracionales [que] son como basuras del espíritu moral, los reductos desechados por el puritanismo burgués. Nosotros los Nadaístas vamos a recogerlos y a consagrarlos como materia de arte, como yacimientos de riqueza inexplotada, con los cuales vamos a elaborar una belleza pura, sin sometimientos a la dictadura de la razón y a las prohibiciones de una retórica frígida” (1). 

Aquello que la realidad desprecia, expulsa o incinera, Arango busca elevarlo por encima del tiempo histórico para que recupere su condición incierta y, por lo tanto, real. Somos esto que somos, y lo que nos desdoblamos por construir con los otros. 

Es en esa concepción de la fragilidad que son gestados María de las Estrellas y Luis Ernesto Valencia. No se conocerán nunca. O por lo menos, no en esta tierra.

María de las Estrellas era hija de Leonor Carrasquilla, poeta y ocultista conocida como la Maga Atlanta, e hijastra del poeta Jotamario Arbeláez, quien escribe en el blog de El Tiempo: “Sus respuestas abismaban a quienes la iban conociendo. Había roto con la lógica, como los maestros zen que yo portaba bajo el brazo, y a cada pregunta respondía con un acertijo surrealista. (…). Cada año se iba llenando una carpeta. Los poemas de los cuatro años los bautizó El camino del cielo; los de los cinco, El ego en el trono; los de los seis, Los dientes de hierro; los de los siete, El reloj de la vida. Entonces los reuní y se los entregué a la editora Lucía Muelle, quien los publicó en la colección Libro Abierto de la Universidad en La Gran Colombia”. (2)

Sí, cuatro, cinco, seis, siete años. 

«El mago en la mesa” es el nombre del libro que reúne esa poesía. “La casa del ladrón desnudo” será su primera novela, escrita en ese mismo período, ganadora del Premio Literatura Mágica en el Congreso Mundial de Brujería, en 1975. Dalí le regaló una serigrafía dedicada, y el mismo Botero hizo la ilustración de su novela. 

El mundo no podía creerla.

Luisito, más conocido como el “Gigoló de los Dioses”, había escapado de su casa a los seis años. Hijo prófugo de una familia campesina, llegó vagando hasta Cali. Alguna de esas noches, fue a dormir a la escalera de la casa del poeta Elmo Valencia, quién lo recogió de la calle y lo adoptó sin saber que ese niño iba a escribir sobre las paredes de su cuarto sus primeras poesías. El prófugo cantó para los poetas, dictó conferencias, se burló con ironía de esa sociedad, fue políticamente sarcástico y brutal en su belleza. 

Diez años tenía Luis, cuando un auto se llevó su vida entera. Llevaba una carta para Jotamario y Elmo, pidiéndoles que no dejaran morir al Nadaísmo. Exigiéndole que no dejaran morir al Nadaísmo.

María de las Estrellas tenía trece cuando salió a pasear en auto con su novio, y el mundo que no podía creerla hizo crash.

El mismo Gonzalo, en el año 1976, iba a ser víctima de esta azarosa tragedia.

Los autos matan poetas, porque los autos matan personas. Somos “un simple hombre que nada lo separa de la condición humana común a los demás seres humanos. Y que sólo se distingue de otros por virtud de su oficio y de los elementos específicos con que hace su destino”. (3)

Michael Benítez Ortiz es el poeta colombiano que, junto a Jotamario Arbeláez, ha compilado la obra de María de las Estrellas y Luis, permitiéndonos la oportunidad de acercarnos a esa luz incandescente de una poesía que, necesitamos aclarar, es totalmente adulta, en su sentido concreto y absurdo. Hemos desmerecido el significante infantil. Tal vez este acto de reconocimiento y admiración no sea más que la elevación de la palabra niño, niña, infante, para aceptar que el poeta no es más que un recienvenido que, como dice el propio Michael en el prólogo al libro de María, “se relaciona con el universo con asombro y misterio”.

A Michael le debemos la generosidad de compartirnos la obra, aún inédita en Argentina,  de los hijos del Nadaísmo. Hijos paternales, poetas misteriosos, límpidos, maestros a quienes admirar, estudiar, festejar hasta abrir los cielos y tener el derecho ganado de besar sus pies.

“Escribo temblando”, dice Michael en el prólogo al Gigoló de los Dioses.

Temblemos con él.

***

CUMPLEAÑOS DEL TIEMPO (4)

María de las Estrellas

Prólogo

SEÑORES Y SEÑORAS

La poesía es una paloma que entra en la poesía y vuelve a salir. Uno tiene un librito en la mente y allí está escrito todo. Uno busca y busca en la mente y allí encuentra lo que tiene que decir. Hay veces que aparece una rosa entre el libro y uno saca la rosa del libro, se la da a una persona, y esta persona busca en su librito hasta que encuentra su rosa y se la entrega a uno. Lo que pasa es que la gente del sistema es muy creída y deja podrir su rosa entre las hojas del libro que no abren nunca. No tengo ni idea de cómo se me metió este libro en la cabeza. Cuando yo estaba feliz me sentaba con mi novio en la mesa del poeta y allí echaba mi charco de babas. A este libro le puse El Mago en la Mesa porque la magia es la gasolina de la poesía. Cuando esté grande no voy a hacer más poemas porque de chiquita hice muchas cosas, y cuando esté grande me convertiré en flor.

Cumpleaños del tiempo

He comprendido

en la mitad de estos dos pasos

que un año acaba de pasar

Cada minuto

cada segundo

pasa un año

porque todos los años

no empezaron al mismo tiempo

Empecé este poema

cuando tenía 7 años

y ahora tengo 700

Respéteme

mi alma

porque mi alma

la tengo por fuera.

Míreme la boca llena de sed.

Soy una clase de niña mamá

talla 5

y ya no tengo pensamiento

***

Cuando esté grande voy a ser una grande médica

en el hospital más grande de Nueva York

y cuando los enfermos estén muriendo

voy a morir con ellos

***

El edificio más alto del mundo parece un payaso

y son los Estados Unidos

Los payasos ya casi van hasta el cielo

Porque el cielo es muy hondo

Y todos los ángeles son colombianos

Alejandra Pizarnik

Espejos

polveras musicales

tapetes

pianos

cortinas

camas donde dormir

la palabra de cada día

★★

La palabra de cada día

es la manzana del amor

y los tragones del paraíso

se le comieron el corazón

★★★

Cuando Alejandra Pizarnik se acostaba

se sentía tan sola tan sola

que un día se suicidó

Los reloj tic tac tic tac

EL GIGOLÓ DE LOS DIOSES (5)

Luis Ernesto Valencia

Fin del mundo

Tengo la edad

según el ojo

con que me veas

El mundo se está acabando

Amárrense los cinturones

Árboles

Esos árboles parecen alcancías

Yo quisiera ser millonario

para echarles monedas de oro

y se me convirtieran en hojas

Diploma

Para ser nadaísta

no tuve necesidad de ir a Harvard

a tomar cursos de verano

Bastó que la Estatua de la Libertad

me bajara su antorcha

para encender mi cigarrillo

Razones

Pienso ser nadaísta

por tres razones:

Para poder ir a la luna

Para poder ser bueno en la vida

y no malo como los gamines

Para cuando esté grande

ser alguien como el Principito

y volar tirado por palomas

Duda

Repítame

lo que he escrito

hasta ahora

que yo no puedo haber hablado

con esa letra

Cassius Clay

Cassius Clay

fue un negrito

que no quiso

matar

vietnamitas

y los gringos

le quitaron

de la cabeza

la corona

más linda

del mundo

y le pusieron

una llanta

de carro

Entierro

Cuando muera

no me compren ataúd

Búsquenme

pero volando

una cajita vacía

de cartón

y guarden allí mis huesos

hasta que resucite.

*****

Fotografía superior: Luis Ernesto Valencia recitando sus poemas en la discoteca La guaca, Cali, 1967.                             
Está acompañado por Pablus Gallinazo y Jotamario.

Notas:

  1. Primer manifiesto nadaísta y otros textos,  de Gonzalo Arango (Dirección de Literatura, UNAM / vanilla planifolia, México, 2013).
  2. https://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/jotamario-arbelaez/maria-de-las-estrellas-3-columna-de-jotamario-arbelaez-512822
  3.  Idem.
  4. Cumpleaños del tiempo (Edición homenaje), editados por Michael Benítez Ortiz. Ediciones Con Tinta Ebria (2018, Colombia).
  5. El Gigoló de los Dioses, poesía reunida. Edición de Michael Benítez Ortiz. Ruido Ediciones (2021, Colombia).

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