Sobre “Carcome”, de Juan López

Por Raúl A. Cuello

El epígrafe del ‘ecopoeta’ Choi Seung-Ho (“La palabra es silencio brotado”) no resulta para nada arbitraria en Carcome de Juan López (Mendoza, 1962); es que hay, al menos, dos líneas de correspondencia que van a manifestarse claramente en todo el libro. Por un lado, el ensamblado del mismo se compone a partir de pequeñas cajas poéticas (o haikus) que revelan eso que brota del silencio para incardinarse en el papel, despojándose de todo aquello que no tenga una razón de existencia. Por otro (y aquí es más una enseñanza del coreano) hay un señalamiento de cómo operan los desperfectos en el mundo sensible, e incluso en el suprasensible: “padece Dios / déficit / de atención”.

No parece haber una dirección de lectura en este libro, aunque el contrapunto, es decir el diálogo entre las distintas facetas de una voz, nos conduce por momentos a una microhistoria: “conozco gente / que sólo puede / llevarse libros / a la cama // conozco gente / que sólo quiere // conozco gente / que sólo sabe // consuela saber. Se puede pensar entonces en ciertos softwares en los que algoritmos específicos trabajan a partir de órdenes de secuencia incierta para luego construir sentido. En este caso podríamos decir que López trabaja su poética desde zonas vedadas a nosotros pero a las que sólo es posible acceder desde el caos, desde regiones en donde el descontrol está calculado.

Hay algo de la inmediatez de las redes sociales puesto a prueba en Carcome, pero en su contracara negativa (en su acepción heideggereana); mientras que en las primeras prevalece una vocación de registro sin huella, en éste, se podría decir, existe una huella sin registro: alguien, una voz sincopada que trabaja a partir del monólogo exterior, va construyendo situaciones recurrentes (“desvelarse pensando / que habrá un último / desvelo”), reflexiones abstractas (“acelero / en amarillo”), e incluso recuerda boleros (“bésame / bésame mucho”) y por momentos se permite algo de clarividencia de corte ancestral (“hay nada / entre lo máximo posible / y lo mínimo indispensable”).

Así y todo, estamos frente a un artefacto de factura dúctil, que se anuda y se desata conforme lo recorremos, lo espiamos y percibimos “el olor de las cosas / en descomposición” que se hallan en él y que, como puede esperarse, brotan del silencio.

Carcome

Juan López

Grito Manso Editorial, 2020

127 págs.

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