1. CARTA A HANS ARP

Jean (Hans) Arp nació en 1887 en Estrasburgo, en la región de Alsacia/Lorena, que por entonces pertenecía a Prusia. Por ello, su primera nacionalidad fue la alemana y luego optó por la francesa. Fue miembro fundador del movimiento dadaísta en Zúrich, en 1916, donde creó el Cabaret Voltaire. En 1920, como Hans Arp, junto a Max Ernst, y el activista social Alfred Grünwald, se estableció en el grupo del dadaísmo de Colonia. En 1925 su obra apareció también en la primera exposición del grupo surrealista en la Galerie Pierre de París. De este mismo año es su libro, conjunto con El Lissitzky sobre «Los ismos en el arte». Cercano a las principales voces de la vanguardia europea, Huidobro, colaborador de la revista DADA, conoce a Arp y alcanzan una rápida comunión basada fundamentalmente en el sentido del humor. En el verano de 1931 pasan juntos unas semanas en la localidad de Arcachón, en Aquitania, donde escribirán Tres inmensas novelas, título irónico que condensaba tres breves relatos. En la carta presente, Huidobro aclara la dificultad de publicar los textos originales precisamente por su brevedad, y sumó otro par, al que tituló Dos ejemplares de novela, continuando con el gesto irónico. El conjunto será publicado en 1935 e incluirá la presente misiva.

Palma de Mallorca, agosto de 1932.

Señor Hans Arp.

Querido Hans:

Aprovechando mi estada en Barcelona, camino de Mallorca, en donde voy a pasar mis vacaciones, llevé a un editor nuestras “Tres novelas ejemplares”. El editor las encontró cortas para hacer un libro y me he visto obligado a escribir yo solo otras dos más. Estas dos, que he titulado “Dos ejemplares de novela”, te las dedicaré a ti en recuerdo de aquellas vacaciones que pasamos juntos en Arcachón y de esas noches cuando a la hora de la sobremesa nos entreteníamos en escribir juntos las tres novelas tan ejemplares que encabezan este libro. Aún tengo en los oídos tus risas y aún me parece ver esos relámpagos repentinos que iluminaban nuestros ojos en ciertos momentos.

Siempre creí imposible escribir un libro en colaboración con alguien y poder acordar mis instrumentos con los de otro. Contigo la cosa marchó tan bien, que no me lo puedo explicar sino por cierta confraternidad espiritual que es seguramente la razón por la cual nuestra amistad ha sido siempre sólida y sin manchas.

Muchos dirán al leer estas páginas que nosotros sólo sabemos reír. Ignoran lo que la risa significa, ignoran la potencia de evasión que hay en ella. Además, creen que un poeta no puede presentar varios aspectos; tienen el alma monocorde y juzgan a los demás como son ellos.

Estas páginas no corresponden, claro está, a toda nuestra obra ni a todo nuestro ser integral. Son solo una faceta de nuestro espíritu y mal nos juzgaría quien solo a través de ellas quisiera vernos. Sin embargo, hay algo más en ellas que risas y que burlas. 

En mi pieza de teatro Gilles de Raiz hay una escena en la que Gilles dice: “Si no riera en este instante, mi cerebro estallaría”. Para cuántos hombres la risa es una válvula de escape salvadora, como lo es el llorar. Cuántas veces habríamos estallado si no hubiéramos reído. El alma popular que posee tantas intuiciones lo ha indicado en uno de sus dichos más corrientes: “Estalló en carcajadas. Estalló en lágrimas”. Esas frases encierran en sí un concepto más profundo que el que ellas creen poseer y que se les ha pasado desapercibido. Ello significa que a veces estallamos en risas o en llantos para no reventar. Estoy cierto de que un día la ciencia podrá probar mi afirmación.

Pero, ¿crees tú que vale la pena explicarse y explicar nuestras obras frente a posibles incomprensiones? Sabemos nosotros que nadie puede limitar nuestro campo y que la apreciación ajena solo significa una piedra o una flor en medio de un continente o de un planeta. La poesía no está obligada a ser lo que ciertos señores quieren que sea o creen que es, ni lo que ellos ven en ella.

Un abrazo de tu viejo amigo que te quiere y te recuerda constantemente.

Vicente Huidobro     

  1. CARTA A JOAN MIRÓ

En 1917, antes de instalarse en París y de conocer al promotor del Creacionismo, Joan Miró pintó su óleo Nord-Sud, una alusión a la revista de vanguardia que Pierre Reverdy y Huidobro publicaban en París bajo la orientación de Apollinaire. De allí proviene el vínculo entre el pintor y el poeta. Apenas un mes antes de la presente misiva, el 27 de agosto de 1933, Miró se dirige a Huidobro con el fin de pedirle un texto para el número especial que la revista Cahiers d’Art publicará en ocasión de la muestra en la galería Georges Bernheim, una de las principales de París, que tendría lugar entre el 8 de octubre al 13 de noviembre de aquel año. Como no daban los tiempos, Huidobro escribe de todos modos la nota que adjunta a esta carta y la publica en el suplemento literario de La Opinión, en Santiago de Chile, el 9 de Octubre de 1933, p. 2.

Santiago, 25 de Septiembre de 1933.

Señor Dn. Joan Miró

Mi querido amigo:

Lamento en el alma que mi artículo sobre usted no alcance a llegar a tiempo para el número de Cahiers d’Art que le será dedicado con motivo de su exposición. Seguramente en estos momentos ya la revista entra en prensa, para que pueda estar a tiempo, y mi artículo llegará a París tal vez sólo unos días antes de la aparición de dicho número. Lo cual no impide que yo escriba sobre usted y lo hago con gran placer. Siempre he sido un admirador de su obra y me siento orgulloso de haber hablado de usted hace tantos años, cuando nadie lo conocía, como cuando llegó usted a París con unos cuadros debajo del brazo y una cierta luz especial, encima de la frente. Hoy es usted célebre se ha conquistado usted un nombre de primera fila entre los mejores pintores modernos. Me siento orgulloso de mis ojos, de haberlo distinguido a usted entre la turbamulta de artistas que bajan de los trenes todos los días en todas las estaciones de París. Y esto no porque usted hoy es célebre sino, aunque siguiera siendo usted un joven anónimo, me sentiría igualmente orgulloso de mi olfato, porque su obra significa siempre una hermosa aventura de explorador en los mares del espíritu. Confieso ingenuamente que una gran parte de este orgullo puede venir de la seguridad que nos da el ver que no nos hemos equivocado. Repasando mis recuerdos, veo que he escrito sobre muy pocos hombres y que hasta hoy no me he equivocado en ninguno, y muchas veces he escrito sobre personas que nadie tomaba en cuenta o que todo el mundo atacaba. Ninguno me ha defraudado. Comprenderá usted que esto tiene que afirmarme en mí mismo y que debo agradecerles a todos, por egoísmo, y entre ellos a usted muy principalmente, el no haber fallado. Gracias, amigo mío.

No importa que mis palabras sobre usted no alcancen a publicarse en el número homenaje de Cahiers d’Art. Las publicaré aquí en Chile, en donde usted es menos conocido y se las enviaré a usted en el primer correo.

Con un recuerdo cordial para usted y su señora.

Vicente Huidobro

  1. CARTA ABIERTA A PABLO DE ROKHA 

PARA SIEMPRE Y HASTA NUNCA

Las batallas verbales –una épica a menudo capaz de pasar a la acción directa–  entre Vicente Huidobro, Pablo de Rokha y Pablo Neruda, tres de los referentes absolutos ya no sólo de la poesía chilena sino de toda la escrita en castellano durante la primera mitad del siglo XX, merecen un capítulo particular en la historia bélica y no sólo estética. De hecho, es sabido que Huidobro, hijo de una familia acomodada de bodegueros, se divertía al contratar un avión particular desde donde lanzaba sus Sonetos Punitivos contra de Rokha, con quien sin embargo conoció una breve amistad en 1917, cuando juntos publicaron los tres números de la revista Azul. Pero mucho cambió después de eso. Los ofensivos papeles que caían desde el cielo de Santiago encontraban una rápida réplica desde Multitud, una gigantesca publicación de titulares rojos en letras catástrofe, que los acólitos del autor de Los Gemidos vendían voceando sus imprecaciones contra el rival. Este intercambio de diatribas, aéreo y terrestre, siempre salpicado de ingenio pese a la procacidad y los epítetos de grueso calibre que se dedicaban, buscó un punto final a partir de esta Carta Abierta. Por supuesto, el silencio no fue posible.

Terminas tu polémica, como era de esperar: en un gran amasijo de baba verde. Escudándote detrás de tus malolientes vapores y tu espesa saliva de bilis; te retiras sin haber probado nada de lo que afirmaste con tanto desenfado.

Te exigí pruebas, el público también te las exigió. No has presentado ninguna. Las gentes de valer se ríen de ti. Sólo de ti. Es inútil que quieras cambiar los roles. Y es bien triste la flojera súbita que se ha apoderado de tu graciosa persona.

Mucho insulto gratuito, ninguna prueba, mucho humo. Pablito de Rokaka, mucho humo y nada de sólido.

Emplazado a presentar pruebas, arrinconado, aplastado contra la pared, haces linda pirueta de foca inflada y te sales por la tangente.

De todo esto queda una cosa en claro: que han calumniado.

Queda otra, otra demasiado conocida: que Pablito quisiera que todo el arte y las letras de Chile se redujeran a Pablo de Rokha, señora y familia. Todo lo demás le inspira miedo y odios.

Pobre Pablito. Estabas habituado a chillar, a falsificar, como todo buen plagiario, a mistificar y calumniar; creías que ibas a poder seguir en tu oficio sin que nunca te pasara nada y que jamás te dieran un revolcón. Inocente.

Eres un hombre ultra cómico, con tantas ansias de grandiosidad infantil que elegiste como seudónimo Pablo de Rokha en vez de Pablo Pedrusco. Te retrataste sin quererlo. Te aconsejo otro más grandioso y más sonoro: PAPABLO DE ROKAKA.

Muchos me dicen que soy cruel, que he sido demasiado cruel. No, no soy cruel. Estoy seguro que esta lección te servirá de experiencia. Y que para otra vez reflexionarás dos veces antes de dejarte llevar por tus bajas pasiones. Además, era necesario limpiar el ambiente de un escorpión venenoso.

No dudo, Pablito, de que no hayas entendido mis palabras, demasiado piadosas para lo que habrías merecido. Búscate alguien que te las explique.

Y créeme que prefiero ser orate a hospiciano. Vale más andar por el mundo con los ojos un poco saltados que no con la baba colgando. Eres tan tonto que en 42 años todavía no te has dado cuenta de que eres tonto. Es un colmo. Por fin has marcado un record en algo. Debes estar satisfecho.

Vicente Huidobro

[La Opinión, Santiago, 6 de Julio de 1935, p. 3] (1)

(1)Esta carta abierta de Vicente Huidobro es en respuesta a la que el 23 de Junio y desde las mismas páginas
de La Opinión, Pablo de Rokha publicara con el título de Carta al poeta Vicente Huidobro, en donde lo acusa
de falsedad artística y política. Entre otras “bondades”, expresa:
«Yo te he dicho, Vicente Huidobro, que tu arte parece un PASTICHE, es decir, un producto de farmacia
elaborado según las últimas fórmulas de los cenáculos de París del año 10 al año 30, un calco, un cliché, un
tipo standard de artoide. Que aquel arte es el arte del pequeño-gran burgués ocioso, millonario y viñatero, que
se divierte elaborando caligramas, CREACIONES y jeroglíficos, a costillas del inquilinaje de sus haciendas
(…) Tu actitud insidiosa de jesuita, discípulo de Cagliostro, por lo desmesurada y atrabiliaria, resulta
inocente, inocente como tus poemas, inocente como tu persona, inocente como tus palabras y tu estrategia;
créeme, casi me da lástima tu estilo incoherente, que ofende y retira la ofensa y ese tono francamente tonto de
aristócrata que da consejos; de tal manera que tú mismo, viejo amigo, demasiado viejo amigo, tú, Vicente
Huidobro, con tus cacareos de espadachín en falencia, y tu dudosa hombría, te retratas en aquellos versos
tremendos que escribiste, precisamente, un poquito antes de irte a comprar prestigio a Europa.»

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